Hueles a todo:
a pecado,
a miedos, a brío,
a entusiasmo
y deseos.
Mujer,
hueles a placer
y a culpas.
Hueles a sueños,
a desvelos,
a terquedades
y música.
Hueles a irreverencia
-con sus placeres-
y
también
a penitencias.
Hueles a incienso con mirra,
a adoración e idolatría.
Hueles a ti.
Y te amo mujer,
porque llevas
un poquito de mí.