Saber que existes

Ella sólo miraba el espacio.
En realidad no necesitaba
ser parte de él
-incluso afirmaría
que el mundo
la necesitaba a ella
y no al revés-
porque bastaba que posara sus ojos,
para darnos certeza
de que la creación había nacido
para sus pies descalzos,
sus ojos de miel,
su boca de nardo,
su espalda desnuda,
sus piernas de diosa,
su vientre templado
y
su alma de niña.

Ella sólo necesitaba existir...
Y saber que existía.

Hueles a Mujer

Hueles a todo:
a pecado,
a miedos, a brío,
a entusiasmo
y deseos.

Mujer,

hueles a placer
y a culpas.

Hueles a sueños,

a desvelos,
a terquedades
y música.

Hueles a irreverencia

-con sus placeres-
y
también
a penitencias.

Hueles a incienso con mirra,

a adoración e idolatría.

Hueles a ti.


Y te amo mujer,

porque llevas
un poquito de mí.

A ella... Carpe diem:

Perdóname
por no creerte en un cielo distante.
En aquél entonces supe que había llegado el final,
intenté aferrarme a la fe,
pero aceptar las quimeras me fue inevitable.

Perdóname
por no seguir tradiciones familiares,
por no sentir que sigues en alguna parte
de este mundo.
Material o no.

Lo cierto es que eres una idea,
un recuerdo;
una esencia tan sublime como una madrugada
olorosa después de una noche de tormenta.

Lo cierto es
-y será-
que estás aquí adentro
Aplacando a mis monstruos
cuando me quieren arrancar las víscera
y los confortas
cuando temen a la oscuridad.

"He conservado intacto tu paisaje"
aunque ya nunca más vuelvas a ser parte suyo
-ni parte mío-.
Extrañamente sé que estás aquí,
tal vez no como ellos querrían
ni como yo quisiera,
tú nunca te has ido...

Y tampoco te irás.

Primero de enero
de dos mil dieciséis...
A Ella:
Carpe diem.